Maria Antonieta un vestuario del siglo XVIII con toque moderno

Posted by Claudia Domecq |19 Abr 21 | 0 comments

Maria Antonieta un vestuario del siglo XVIII con toque moderno

Se rodó en el año 2006 es una película de drama histórico de 2006 escrita y dirigida por Sofía Coppola y protagonizada por Kirsten Dunst. Se basa en la vida de la reina María Antonieta en los años previos a la Revolución Francesa. Ganó el Óscar Premio de la Academia al Mejor Diseño de Vestuario de Milena Canonero en 2007, junto con otros premios como ‘mejor diseño de producción’, ‘estrella del año’ entre otros.

Los abanicos eran el accesorio estrella, además de seductor

La trama trata sobre una niña en plena adolescencia, con sólo 14 años de edad, ya a tan temprana edad cómo solía ocurrir entonces en dicha época, es archiduquesa María Antonieta desorientada en un mundo peligroso, es alejada de su familia y amigos en Viena, despojada de todas sus posesiones y abandonada en el mundo sofisticado y decadente de los prestigios y lujos de la corte real de Francia de Versalles. Rebelándose contra la aislada atmósfera de Versalles y, en el proceso, se convierte en la reina más incomprendida de Francia.

María Antonieta trabaja en un matrimonio concertado para solidificar la armonía entre dos naciones; su esposo adolescente Luis XVI cual en la película interpreta el papel de heredero del trono el actor estadounidense Jason Schwartzman, pero María Antonieta no está preparada para ser el tipo de regente que espera el pueblo francés. Bajo todo su lujo, ella es una joven protegida, asustada y confundida, rodeada de personas desleales, titiriteros y chismosos, atrapada por las convenciones de su condición en la vida, María Antonieta debe encontrar la forma de encajar en el mundo complejo y traicionero de Versalles.

A sus males se añade la indiferencia de su nuevo marido, Luis, pero su matrimonio no duró mucho ya que se terminó después de siete años. El tímido futuro rey resulta ser un desastre como amante, desatando graves preocupaciones y cotilleos porque María Antonieta nunca dejaría de tener un heredero. Abrumada y angustiada, María Antonieta busca refugio en la decadencia de la aristocracia francesa y en una aventura secreta con el seductor conde sueco Hans Axel von Fersen que en la película es interpretado por el actor británico Jamie Dornan cuyas indiscreciones pronto están en boca de toda Francia.

Para Sofía Coppola, el vestuario de María Antonieta fue siempre una parte central de su audaz visión para el diseño de la película, buscando un punto de equilibrio entre una comprensión histórica de los estilos del siglo XVIII y la creatividad de un estilo moderno y diferente. 

Otra de las delicias del vestuario de la película son sus maravillosos zapatos, diseñados por Manolo Blahnik, que por otro lado cómo podéis ver en la foto de abajo, la hija de Coppola dejar ver en una de las escenas unas Converse, supuesta modernidad que desprende el film.

Manolo Blahnik shoes y las converse

Tanto si es idealizada por su estilo impecable o vilipendiada por estar imperdonablemente fuera del alcance de sus súbditos, la reacción hacia María Antonieta siempre es extrema. Sin embargo, poco a poco, a medida que va madurando, va encontrando su sitio como esposa, madre y reina para terminar trágicamente en una revolución sangrienta que altera Francia para siempre.

Ahora voy a hablar sobre el vestuario y peinados: en una ocasión, José II de Austria comentó que el complicadísimo tocado de su hermana, la reina María Antonieta de Francia, era «demasiado ligero para sostener una corona». Se refería a un sofisticado peinado creado por su peluquero, Léonard, llamado poufy que consistía en una altísima peluca adornada con todo tipo de artificios. 

La pasión de María Antonieta por la moda fue una de las causas del odio que le profesaron los franceses y de su imagen de mujer frívola y derrochadora, pero no sería justo nombrar culpable a la reina de Francia por las leyes de la extravagancia de la indumentaria que codificaba la forma de vestir para cada ocasión en Versalles.

Maria Antonieta preside una reunión en el Museo de Versalles Foto Erich Lessing.

En los últimos años del reinado de Luis XVI predominaron los vestidos austeros de colores oscuros pero su muerte lo cambió todo; hombres y mujeres se fueron olvidando de los tonos severos, como el negro o el marrón, para decantarse por otros más llamativos.

En lugar del paño se introdujeron telas suntuosas como el terciopelo, la seda o el brocado, los vestidos femeninos adquirieron líneas más sueltas y vaporosas, e insinuantes, dando un cambio cultural evidente, llamado entonces Rococó, periodo caracterizado por la exuberancia y lo excesivo, tendencia seguida por el resto de las cortes europeas.

El uso del corsé elevaba el busto, ajustaba el talle y estrechaba la cintura. Iba atado con cintas a la espalda, por lo que una dama de la nobleza precisaba de la ayuda de una sirvienta para vestirse. En cuanto a la ropa interior, las damas solían llevar una larga camisola de tela ligera hasta las rodillas, así como enaguas, que iban desde la cintura a los tobillos.

Las faldas entonces eran excepcionalmente amplias, sostenidas con un armazón interior, el guardainfante (pannier), término que en francés significa «cesta» y en castellano tontillo podía alcanzar dimensiones considerables, hasta 5 metros de diámetro algo que no dejaba de causar inconvenientes, como el que dos damas no pudiesen pasar a la vez por una puerta o no pudieran sentarse juntas en un carruaje. 

Inés de Zúñiga con traje de estructura pannier.

En referencia a la forma de cesta invertida que tomaba la falda, un signo de la moda femenina del siglo XVII absolutamente extravagante por su riqueza y lo exagerado que era su tamaño. Consistía en un armazón colocado alrededor de la cintura y realizado a base de aros de metal o mimbre unidos con cintas o cuerdas, cuya función era ahuecar la basquiña (falda).

Panniers ‘cesta’.

Aunque la ambición de las mujeres de la época era impresionar en la corte con su atuendo, la etiqueta de Versalles no tenían prohibido a las damas utilizar el mismo vestido más que una vez; si quisieran repetir, debían introducir obligadamente alguna modificación. Por otro lado los trajes, tanto de las mujeres como de hombres, solían adornarse con encajes, preferentemente de Chantilly o Bruselas, por ser más dóciles y fáciles de trabajar. Las medias, de seda o algodón, se sujetaban con ligas de encaje o seda bordada.

La variante más conocida de este tipo de falda, se caracterizaba por el llamado «vestido a la francesa», que triunfó década de 1740, de la mano de la marquesa Madame Pompadour, que fue la principal amante oficial de Luis XV desde 1745 hasta 1751, y siguió siendo influyente como favorita de la corte hasta su muerte. Dicha falda, era menos exagerada que la indumentaria mencionada anteriormente, lo que permitía una mayor movilidad, Madame de Pompadour también puso de moda el uso de volantes y lazos, y le gustaba de realzar el cuello con un terciopelo adornado con una flor o una joya. 

Madame de Pompadour (detalle de un retrato de François Boucher, 1756.

En torno a la década de 1760 se introdujeron una serie de vestidos femeninos algo menos formales; uno de ellos fue la robe à la polonaise, en término francés «vestido a la polonesa», llamado así porque se puso de moda durante la guerra que Francia sostuvo con Polonia. De cuerpo ceñido y se caracterizaba por la falda abullonada por detrás gracias a que podía fruncirse mediante un cordón, más corto que el vestido a la francesa, dejaba a la vista una enagua y los tobillos, lo que lo hacía más práctico para caminar.

El otro vestido que causó sensación en la época fue la robe à l’anglaise, el «vestido a la inglesa»; este vestido incluía elementos inspirados en la moda masculina, como la chaqueta corta, con amplias solapas y manga larga, tomada del redingote, una prenda entre la capa y el abrigo.

Capa/abrigo – rendigote.

En la apariencia de una dama, era tan importante como lo era el vestido y los accesorios, en cualquier ceremonia oficial las damas debían cubrirse manos y brazos con guantes si iban sin mangas. Sólo en verano se les permitía utilizar mitones, un tipo de guantes que dejaba al descubierto la mitad de los dedos. En este caso, los caballeros sólo empleaban los guantes cuando salían de viaje. 

Pero si algún accesorio era importante para cualquier dama era el abanico, las costumbres licenciosas de Versalles se encubrían con el arte del disimulo, y el abanico permitió desarrollar un lenguaje gestual que servía para comunicarse a la hora de la seducción. Por otra lado, el abanico no era un accesorio exclusivamente femenino, los caballeros solían utilizar modelos más sobrios, especialmente en las grandes ceremonias.

No fue frivolidad todo lo que rodeó a la pasión por la apariencia en la Francia del siglo XVII sin embargo, de la moda nació una importante industria textil, heredera de las políticas proteccionistas de Jean-Baptiste Colbert (uno de los principales ministros del rey de Francia Luis XIV, controlador general de finanzas de 1665 a 1683). 

Las llamadas manufacturas reales dieron lugar a una pujante industria sedera en Lyon, mientras los avances técnicos y los progresos en el ámbito de los tintes favorecieron la iniciativa privada y la creación de numerosas fábricas de medias, sombreros y lencería. Christophe-Philippe Oberkampf fue un industrial francés de origen alemán que se hizo famoso por fundar la manufactura real de algodones teñidos de Jouy-en-Josas donde se confeccionaron los Toile de Jouy (tela de algodón decorada con planchas de cobre grabadas con estampado por el que se hizo famoso y cual a mí siempre me ha gustado mucho) dicha manufactura contaba en 1774 con 900 obreros.

Entre los profesionales de la moda francesa del siglo XVIII hay que destacar también a Marie-Jeanne Bertin o también conocida como Rose Bertin (1747-1813) fue aparte de comerciante de moda, y la sombrerera y modista de María Antonieta. Entre ella y el peluquero Leonard Autié crearon para la reina un estilo propio que marcó aquellos últimos años del Antiguo Régimen en Francia. Pionera de la «alta costura» francesa, abrió su propia tienda en París en 1777 haciéndose así la modista preferida de la aristocracia, todo gracias a la duquesa de Chartres quien le presentó a María Antonieta. Además creó unas muñecas y estaban hechas de cera sobre armaduras de madera articuladas o porcelana e iban ataviadas con sus propios modelos y que o bien se coleccionaban o bien servían para enviarlas a otras cortes europeas, donde a modo de figurines permitían que las damas estuvieran al corriente de la moda francesa y pudieran encargar a Rose Bertin los últimos y más elegantes vestidos.

La reina entusiasmada con sus diseños, le abrió un taller propio en Versalles donde Rose, nombrada «ministra de la moda», creó novedosos modelos para la reina, como el vestido llamado Grand habit de cour o también llamado en inglés robe de corpse, que consistía en cuerpo rígido o recto, fue el vestido formal de la corte en gran parte de Europa exportando los atuendos a dichos paises, y más particularmente en Francia, durante todo el siglo XVIII. Se basó en un diseño implementado por Luis XIV, el Rey Sol, en la década de 1680 que era un corpiño rígido y deshuesado con cordones en la espalda, una falda, una cola separada que se lleva a la cintura o que cae de los hombros y mangas de encaje desmontables.

Durante los tres siglos de gobierno virreinal en la Nueva España, la convivencia entre los diferentes grupos sociales hizo que el lujo, la suntuosidad y opulencia se convirtieron en una necesidad, ya que tan importante era ser noble como parecerlo. Esto se reflejaba sobre todo en el atuendo personal, por lo que debían portarse brocados o terciopelos ostentosos, tejidos en plata o pedrería elaborados mediante numerosas técnicas, algunas e incluso traídas de España. 

Los españoles peninsulares y criollos (término empleado desde la época de la colonización europea de América, aplicado a los nacidos en el continente americano, pero con un origen europeo, con diferencia del nativo, que era en el Imperio español un habitante nacido en América de padres europeos, o descendiente solamente de ello) con recursos económicos siguieron el modo de vestir europeo, importando las prendas o adquiriendo las producidas en Nueva España en los talleres gremiales o de manera independiente en los domicilios. 

Chorreras en el cuello de chaquetas de la época.

El atuendo masculino del último tercio del siglo XVIII que usaban los peninsulares y criollos se componía de casaca decorada a base de galones tejidos con hilos de seda o plata o con llamativos bordados, pantalón (entonces llamado calzón), chaleco bordado, camisa blanca, chorrera, puños con volantes y medias de seda. 

Y aquí acaba otro post, espero que os haya gustado. 😉

Claudia

Imagenes: barbararosillo, biografiasyvidas, biografiasyvidas, weheartit, smoda.


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